sábado, 24 de mayo de 2014

Capítulo 7: Despecho y amargura



La sabana cubre las caderas de Sandy, ella deja sus pechos firmes y redondos al aire para refrescarse después de una regular sesión de intimidad (lo fue para ella), recordar lo que Emma le dijo en el carro esta tarde y la cara de susto de Dante en la reunión de hoy al notar la presencia de Herr Linda fue una combinación que acabó con su hora feliz. El amante de la pelirroja no tiene la menor sospecha de que ella sabe la verdad sobre la identidad de aquella mujer a la que amó alguna vez, solo se recuesta junto a su amada, acariciándole los pechos, instintivamente ella se coloca de lado al sentir sus caricias como si le pasaran una vara con púas, dándole la espalda. 

- ¿No te gustó mi amor? - pregunta el ingenuo novio, quien no da pie con bola en deducir qué le pasa a su chica.

Sandy le responde con silencio. El beso que Dante le dio en la puerta de TestPharma cuando la fue a buscar la había excitado hasta el punto de olvidarse de lo que había descubierto sobre él y sobre lo que planeaba hacer y que no quiso reconocerle a Mario para no darle la satisfacción. Como todo medicamento, aquel beso pasó por sus fases en el cuerpo de Sandy hasta que fue eliminado de su sistema, por ende su efecto narcótico y eso ocurrió en pleno ajetreo sexual, las dudas y la ira estropearon el momento para ella. Sandy decide que lo mejor es aparentar normalidad por ahora.

- ¡Nada mi vida! - miente ella - es solo que ahora sí me van a botar, eso es lo que Herlínda quiso desde que entró y tomó el cargo… 

Es la primera vez que Sandy habla de su antipática jefe por su nombre de pila, esperando la reacción de Dante que no es más que un breve y punzante silencio, las lágrimas brotan de sus ojos verdes sin pedirle permiso.

- No tienes que preocuparte por lo que no va a pasar - le tranquiliza él - además, si sales de allá sería lo mejor…

Aunque Dante le haya insistido cientos de veces que se retirara de ese trabajo que la martiriza tanto, para Sandy es como la primera vez que lo hiciera y piensa lo peor: ella estando fuera, Herlinda y Dante darían rienda suelta a una segunda parte de la película en la que estuvieron montados tiempo atrás. La pelirroja se quita la sábana que la cubre del ombligo para abajo y su cuerpo bronceado queda totalmente expuesto, se levanta sin prisa de la cama frondosa de su novio y sus caderas se contonean sensualmente con cada paso lento que da para dirigirse al baño, algo que a Dante le fascina mirar para ir corriendo detrás de ella y seguir la faena bajo agua.

- No va a haber rapidito en la ducha - le reprende sin ira en su voz, como si escuchara sus pensamientos - ¡no me sigas!






- ¿Herli? - contesta su celular un hombre, completamente angustiado. Son las tres de la madrugada del jueves.

- ¿Señor Elder?

- ¿Quién es? - la ansiedad se apodera de él - ¿por qué tiene el teléfono de mi esposa?

- Su esposa está completamente ebria, lo estamos llamando de un bar para que pueda venir a recogerla, pues en el estado en el que se encuentra no podemos mandarla con un conductor designado…

- ¿Pero cómo va a ser eso? - la pregunta sale disparada de su boca - ¿cómo terminó en un bar?

- Señor Elder, debe calmarse - le exhortan del otro lado de la línea - le voy a mandar por mensaje de texto la dirección para que llegue por su esposa.

Un angustiado pero iracundo hombre de unos cuarenta y tantos años, con una colonización de canas en su cabello que no le resta atractivo, sale de su cuarto vestido con jeans y una camisa manga larga, acompañado por unas chancletas de ese plástico que no viene más, del rígido. Lo primero que hace es despertar a la muchacha del servicio para encargarle algo importante mientras agarra las llaves de su carro que están en la cocina:

- Elvira, voy a buscar a la señora, ¡los niños son tu responsabilidad!

- Los voy a cuidar señor Elder, no se preocupe - lo tranquiliza la muchacha.

El señor Elder Castañeda, esposo de Herlinda Garay, sale en su flamante carro, de esos que son último modelo, hacia unas seis cuadras abajo de su casa soñada en la zona más exclusiva de la ciudad, exactamente hacia la dirección que le habían mandado en un mensaje de texto a su celular para recoger a su mujer quien se había pegado una borrachera épica y no puede ni con su alma. No tarda ni diez minutos en encontrar el lugar, que resulta siendo uno de los bares más exclusivos de la ciudad. Cuando entra en aquel sitio se da cuenta que los rumberos ni siquiera habían pasado por allí, las luces de colores iluminan todo el lugar corroborando la concurrencia, que solo consiste en el personal que labora allí y Herlinda, quien yace en una de las mesas VIP, dormida en el sillón, acompañada de un joven que se nota que apenas comienza sus treinta, alto, perfectamente afeitado y con una melena lisa y suelta que le llega algo más abajo de las orejas cubriendo algo de su rostro y que en conjunto con las luces del lugar hace un perfecto camuflaje para pasar inadvertido. Ambos hombres se encuentran frente a frente aunque el joven que está sentado al lado de Herlinda tenga la cabeza gacha y el celular de donde le hicieron la llamada está encima de la mesa.

- ¿Usted es el señor Elder? - le pregunta el joven, quien se levanta de inmediato pero sigue teniendo la cabeza algo inclinada hacia abajo.

- Soy yo - le responde en seco al joven.

- Le ayudaré a llevarla a su carro.

El joven y el señor esposo de Herlinda la toman cada uno de un lado para levantarla de allí, pasándose cada brazo por detrás del cuello. La esposa de Elder Castañenda está completamente vencida por el alcohol, la punta de sus zapatos van besando apasionadamente el piso del bar y parte del pavimento hasta llegar al vehículo estacionado en toda la puerta del establecimiento, entre los dos la acuestan en el asiento trasero. El señor Castañeda se convence de que no debe indagar al joven sobre la presencia de su mujer en aquel sitio, pues a su parecer no es más que un empleado de allí, tal vez mesero, tal vez quien prepara los tragos, se convence de que debe preguntarle a su esposa acerca de los motivos para haberle mentido y terminado de esa manera, siendo que le había prometido hace algún tiempo atrás que no volvería a tomar ni una sola copa.

El sol del jueves está dándole a Herlinda la paliza con la que sueñan darle sus subalternos sin excepción. El olor a vómito regado por el piso del baño de la habitación que comparte con su esposo quizá la amargue un poco más que ver la cara de piedra que ha puesto él al encontrarla abrazando la taza del inodoro. Sus rizos castaños de encanto habían formado una maraña que le tomará unas horas y mucha crema de peinar para desenredar. 

- ¡Mi amor! - comienza la hipocresía diaria hacia su marido - ¿qué hora es?

- Son las siete treinta - le responde el hombre, de muy mala gana.

- ¡Ya es tarde! - se sorprende al escuchar la hora y se levanta de salto, casi se resbala con su propio vómito. ¡Qué cerca estuvieron Sandy y sus compañeros de celebrar el retiro inesperado de la señora tenebrosa!

- ¡Y te irás mucho más tarde Herlinda! - estalla el esposo - ahora que salgas del baño vamos a hablar tú y yo acerca de lo que pasó, ¡no sales de aquí hasta que me digas qué carajo hacías ayer en un bar!

La voz profunda como de trueno de su marido hace que Herlinda repase en los archivos de su memoria para ver si registró por lo menos algo de lo sucedido anoche para saber si ha cometido una imprudencia, si su esposo la sorprendió en algo indebido a parte de la borrachera, ¿acaso le dijo lo que pensaba de él?, ¿le habrá dicho que en su corazón solo hay lugar para un solo hombre y que no es él?, ¿le dijo que lo odia por haberla forzado a no divorciarse amenazando con quitarle la patria potestad de sus hijos y llevarlos lejos?, ¿la encontró coqueteando con alguien?. La esposa de Elder Castañeda sabe cómo domar a su marido si sabe que solo ha tomado y nada más pero la borrachera que se pegó es inédita, tanto como su dolor de cabeza que se intensifica con el chorro de la ducha que le cae encima.







Dante estaciona como siempre en su sitio de parqueo dentro de TestPharma, los demás compañeros de la empresa que los acompañan se bajan una vez que el conductor estaciona bien y apaga el motor. Sandy se quita el cinturón de seguridad del asiento de adelante cuando su novio la detiene agarrando con disimulo y firmeza su mano que está cerca de la palanca de cambios, ella lo mira sin gesto alguno en su rostro, ni siquiera la intriga que surge por aquel gesto desesperado de su parte lo deforma en alguna mueca. Linda, la secretaria del jefe de Dante, quién ya sabía de la relación que tienen ellos, quiere hacer que Sandy se enoje una vez más:

- Dante, cosito, ¿te espero para llegar juntitos a la oficina?

- ¿Cosito? - Sandy disfraza su indignación con sarcasmo y la mira directo a los ojos - ¿en serio?, ¿eso es lo único que se te ocurre decirle?, ¡por favor!, es por eso que no tienes novio, hombre que se respete no quiere niñitas tontas de mami. Mira, te voy a dar un consejo gratis - le pone una mano en su hombro izquierdo, aferrándolo entre sus dedos y apretándolo con cierta fuerza - si haces eso y se lo das en la primera cita no vas a llegar a ningún pereira con ningún tipo, ¡respétate!, tú te mereces alguien que valga la pena y por favor, ¡dejate de esa vaina de querer ser una roba-novios que eso no te queda! ¿Estamos?

Sandy le retira la mano a la secretaria del jefe de Dante al instante, Linda le regresa la mirada con un odio más intenso a la vez que comienza a sobarse el hombro que sufrió ciertos daños.

- Linda - le dice Dante, quien está intentando mantener la calma - yo te alcanzo, ¿si?

- Tus deseos son órdenes para mi, querido mío - Linda decide que si va a morir, será con las botas puestas y con fusil en mano. Sandy la huele como carne putrefacta y decide no abalanzarse encima de ella. Linda se baja del carro no sin antes tirar la puerta del asiento trasero con fuerza.

Los novios han quedado solos al fin. La novia no desea escuchar palabra alguna de su pareja, le fastidia el hecho que él haya pasado por alto lo sucedido en la reunión acerca de esas miradas que ayudaron a identificar a aquella mujer de su escabroso pasado, que no le haya contado lo sucedido.

- Apúrate, ¿si? - le insta Sandy - no quiero otro memo por parte de la….

La pelirroja, quien lleva unos bucles formados desde la mitad de su cabello hasta las puntas, frena en seco, ¿por qué tiene que seguirla llamando por sus muchos apodos cuando se va a referir a ella en su presencia?. Sus ojos se clavan en los de él, lo que hace que sus ojos aceituna tiemblen un poco al sentir la furia de la mirada de su novia.

- Herlinda - corrige el final de su frase, acentuando el nombre y lo hace con amargura en el tono de su voz.

- ¿Por qué le dijiste eso a Linda? - reclama él para cambiarle el tema más que para reprenderla por lo que le hizo a su compañera - ¿acaso no te das cuenta de que nos acabas de delatar?

- ¡Ella ya lo sabía! - recalca la pelirroja - ¡me vale esa zorrita y lo que haga después de lo que le dije!

- Deberías tenerlo en cuenta con la situación en la que estás - y finalmente retoma el tema que los tiene en ese carro - ¡debes tener cuidado ahora más que nunca!

- ¿Por qué habría? - replica ella - ¿acaso no me dijiste ayer que nada pasaría?

- Verás - ahora la intriga se asoma en el rostro de Sandy - acabo de hacer un descubrimiento ayer y debo prevenirte, aquella mujer… esa mujer con la que estuve alguna vez, trabaja aquí en TestPharma…

La ansiedad de Sandy se incrementa de golpe, al parecer, su novio está por revelar la identidad de la susodicha mujer. No es lo mismo saberlo por deducción que por la boca de su amado.

- Ella - prosigue - descubrió que yo trabajo aquí y además de eso, descubrió que estoy con alguien…

- ¿Quién es? - Sandy no puede creer que su novio le diga eso, lo fuerza a decirle de quién se trata - ¿La conozco? ¿Por qué no me dices quién es?

- ¡Quiero protegerte! - revienta él ante la presión de su novia - aunque ella no tenga un cargo tan alto, su esposo tiene poder dentro de la empresa, sus primos son los accionistas mayoritarios de TestPharma. Debo reconocerte que tuve una conversación con ella, pensando que lo pasado quedó en el pasado, pero intuyo que ella no piensa lo mismo.

A Sandy le cuesta resignarse al hecho de que Dante no le hablará de Herlinda sino que sigue refiriéndose a ella como “aquella mujer”. De hoy en adelante la pelirroja debe cuidarse, hasta hoy desconocía que “aquella mujer” tiene relación directa con los dueños de la compañía. Se ve forzada a hacer una jugada que no desea aplicar en él porque reconoce las buenas intenciones de él para protegerla.

- No es suficiente con que me digas eso - murmura ella, quitándole la mirada de encima -si no me dice de quién se trata es porque no me tienes confianza, es porque no me amas como tanto perjuras.

Sandy no aguanta la decepción y se baja del carro. Apresura sus pasos al darse cuenta que son más de las ocho de la mañana y el trayecto hasta “Auschwitz” es largo desde el parqueadero. Dante no hace ningún intento por alcanzarla pero eso no quiere decir que se siente mal por haber revuelto en el cajón del pasado y no decirle la verdad completa a su novia pero está más que convencido de que es lo mejor que puede hacer para protegerla, al contrario de lo que piensa sobre el asunto laboral de su novia, que lo mejor que le puede pasar a Sandy es salir de TestPharma.







Son las ocho y cuarto de la mañana y las operaciones en “Auschwitz” llevan quince minutos de retraso, la gente no ha comenzado a trabajar y eso es raro, algo debe estar pasando para que ninguno siquiera haya encendido sus computadores. Sandy llega a su monótono y cada vez más pequeño e incómodo puesto de trabajo. Ella percibe dos cosas: la primera es que sus compañeros están haciendo de las suyas, ya sea navegando por internet o chismeando, lo que se conoce en su peculiar jerga laboral como “balonear”. La segunda cosa que Sandy percibe es que su querido amigo brilla por su ausencia, la “baloneada” de sus compañeros no le interesa tanto como saber el porqué de la demora de Mario. Unos quince minutos después el alto y acuerpado amigo de Sandy hace su aparición en “Auschwitz”, su melena, que no se la corta ni aunque la señora tenebrosa lo amenace con prenderle fuego, la lleva recogida hacia atrás con mucho gel, sus ojos oscuros se posaron en una compañera de trabajo que lo detiene para saludarlo, pero que se sospecha de que es una de las tantas que quieren algo con él más allá de un “Hola, ¿que tal?”. Finalmente llega a su puesto y no puede evitar sonrojarse al darse cuenta de que el amor de su vida lo está detallando en cada movida que hace, el rojo le acentúa el atractivo de su rostro bronceado y afeitado al ras. Él llega a su puesto, diagonal al de Sandy para guardar los dos cascos debajo de su escritorio y le tira un beso a su amiga, a lo cual Sandy le dedica una sonrisa forzada. Aprovechando el ambiente, Mario empuja su silla con rodachines y se sienta junto a ella. Es el turno de ellos para “balonear” pero Mario intuye que algo apachurra el corazón de su sexy amiga.

- ¿Qué te hizo Dante esta vez? 

- ¿Qué haces llegando a esta hora? - pregunta Sandy para no tener que cederle el punto a su amigo.

- Me trasnoché un poco - responde lacónicamente.

- ¿Acaso quieres que la nazi te ponga un memo?

- ¿Está segura que la señora tenebrosa está aquí?

- ¿Y tú cómo puedes saber eso?

- Solo fíjate cómo andan los pelaos...

Sandy echa un vistazo y sus compañeros siguen “baloneando” sin percatarse de la ausencia de la señora tenebrosa, eso solo ha pasado en contadísismas ocasiones. Mario se coloca hombro con hombro con Sandy, le toma el mentón con suavidad y le gira la cabeza hacia él, aprovechándose de la ocasión para hacerle una leve caricia en su rostro y satisfacer un poco sus bajos instintos.

- Vuelvo a preguntarte, ¿qué te hizo Dante esta vez?, si ese “man” se atrevió a…

- Estoy bien - interrumpe ella - solo discutimos como cualquier pareja…

- ¿Acaso no me tienes confianza? - se queja el muchacho - sabes que me puedes contar todo, ¡tal vez pueda ayudarte!

- Lo sé amiguito - Mario prefiere que lo levanten a puño limpio antes que oír a Sandy decirle “amiguito”. El joven cierra sus ojos para ocultar su expresión de incomodidad que manifiestan ellos por un segundo.

- ¡No voy a estar bien hasta que te dejes de vainas con esa tipeja que no te da ni la hora! - espeta la pelirroja para cambiar el tema - no la conozco y ya la odio, dime quien es la desgraciada esa, a ver si la ahorco por tonta.

Si Sandy se entera de quien se trata, tendría que suicidarse.

- Gracias amiguita, pero yo puedo solito con mis vainas, al igual que tú - afirma Mario, solo para vengarse de Sandy por rechazar su ayuda hace ratico.

Las voces que estaban inundando el área se apagan de repente y son reemplazadas por el ruido de las sillas rodando y pasos desesperados. Los empleados están ocultando las evidencia de la “baloneada” inédita de cuarenta y cinco minutos que disfrutaron al máximo, tienen la ubicación exacta de Herr Linda y la información fideligna indica que está a escasos tres minutos de “Auschwitz”. Mario se regresa a su puesto con la misma agilidad con la que se acomodó en el puesto de Sandy unos minutos atrás. La señora tenebrosa hace acto de presencia en el área y solo se escucha el sonido del teclado de sus subalternos a todo timbal, ni un solo murmullo es audible ante sus sensibles oídos producto de la resaca que le quedó de su borrachera de anoche. Aún tiene el cabello mojado, tiene unas gafas grandes que no solo cubren sus ojos sino parte de su rostro pero que no logra ocultar sus muecas exageradas provocadas por la luz, el calor y la discusión tan fuerte que tuvo con su marido. Como de costumbre no da los buenos días pero no pasa desapercibida por parte de su equipo de trabajo, quienes estallan en risotadas ultrasónicas cuando desaparece del panorama.

- ¡Que “pea” la que se metió la bruja esta! - cuchichean entre sí.

2 comentarios:

  1. Este comentario ha sido eliminado por el autor.

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  2. ¡Hola a tod@s!

    Les tengo un concurso preparado, solo tienen que visitar mi blog: myoportella.blogspot.com para ver las condiciones del concurso, además de leer este capítulo con detenimiento.

    ¡Que descansen!

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